Santiago de Compostela registra una escalada de precios en alojamientos turísticos durante el verano 2026. La demanda estacional, impulsada por peregrinos del Camino de Santiago y turistas internacionales, ha disparado los costes. Una semana de estancia puede costar desde 500 euros en estudios básicos hasta más de 4.000 euros en apartamentos premium con vistas catedralicias y servicios premium. Las autoridades locales ya han sancionado tres pisos turísticos ilegales, con multas que suman 78.000 euros.
¿Por qué suben tanto los precios del alojamiento en Santiago este verano?
La presión sobre la oferta turística se ha intensificado por tres factores simultáneos: la recuperación postpandemia del Camino de Santiago, el auge del turismo de experiencia en entornos patrimoniales y la escasez de viviendas legales registradas como vivienda turística. Galicia exige inscripción obligatoria en el Registro de Turismo de Galicia (RTG), pero muchos anunciantes evaden este requisito.
La regulación gallega y su cumplimiento real
La Ley 10/2021 de Turismo de Galicia obliga a la autorización previa para explotar viviendas turísticas. Sin embargo, el control municipal sigue siendo deficiente. Santiago cuenta con más de 1.200 viviendas turísticas registradas, pero se estima que al menos un 30 % opera sin licencia. Esto distorsiona el mercado y perjudica a los operadores legales.
¿Qué impacto económico tiene esta subida en la ciudad?
El turismo representa el 18,4 % del PIB de la provincia de La Coruña, según el Instituto Galego de Estatística (IGE). Pero el aumento de precios no se traduce automáticamente en mayor bienestar para los vecinos. Al contrario: la presión sobre el parque residencial ha elevado los alquileres de vivienda habitual un 22 % interanual, según datos del Colegio de Registradores de Galicia.
El efecto desplazamiento en barrios históricos
El casco antiguo de Santiago concentra el 65 % de la oferta turística. Esto ha generado tensiones sociales: ruido, residuos, sobrecarga de infraestructuras y pérdida de tejido comercial local. Vecinos denuncian el uso de pisos para alquiler turístico sin control, lo que agrava la crisis de vivienda asequible.
¿Qué dice la ley sobre los pisos turísticos ilegales?
La sanción por operar sin licencia puede alcanzar los 300.000 euros, según el artículo 82 de la Ley 10/2021. Además, se prevé la clausura inmediata del establecimiento. Las tres multas recientes —de 26.000 euros cada una— responden a infracciones graves: falta de inscripción, ausencia de seguro de responsabilidad civil y no comunicación de ocupantes a la Policía Nacional.
La fiscalización en tiempo real
El Ayuntamiento de Santiago ha activado un sistema de geolocalización cruzada entre Booking, Airbnb y el RTG. Detecta anuncios sin número de registro y los remite a la Inspección de Turismo. En 2026, ya se han cerrado 47 pisos no declarados.
¿Cómo afecta esto al turista medio?
Los precios no solo suben por la demanda, sino por la falta de transparencia regulatoria. Muchos turistas pagan tarifas premium sin saber que el alojamiento carece de licencia. Esto implica riesgos: ausencia de garantías legales, imposibilidad de reclamar ante la Dirección Xeral de Turismo, y exposición a cancelaciones repentinas por clausura administrativa.
Datos Clave
- Las tarifas semanales en Santiago oscilan entre 500 y 4.000 euros, según tipología y ubicación.
- Tres pisos turísticos ilegales fueron sancionados con 78.000 euros totales en junio de 2026.
- El 30 % de la oferta turística en Santiago opera sin inscripción en el Registro de Turismo de Galicia (RTG).
- El alquiler residencial en el casco antiguo subió un 22 % en un año, vinculado al auge del alquiler turístico.
- El Ayuntamiento ha cerrado 47 pisos no registrados desde enero de 2026 mediante geolocalización cruzada.
La presión turística en Santiago no es solo un desafío logístico: es un problema de gobernanza urbana, equidad territorial y sostenibilidad económica. Sin una aplicación rigurosa de la normativa y una política habitacional coordinada, el modelo de turismo cultural corre el riesgo de erosionar su propia base: la autenticidad y cohesión del tejido social de la ciudad.
