Las elecciones en Extremadura han reavivado un debate que se ha vuelto recurrente en el ámbito político: ¿cuál es el verdadero impacto de las redes sociales en el voto? En un contexto de creciente polarización, donde partidos como Vox han apostado fuertemente por estrategias digitales, esta cuestión se torna aún más relevante. Sin embargo, la respuesta no es sencilla y está llena de matices y complejidades.
### La Evolución del Consumidor Digital
El panorama digital actual ha transformado la forma en que los votantes consumen información. Pablo Simón, politólogo y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, señala que es fundamental reformular la pregunta sobre el impacto de las redes. «No son necesariamente redes sociales. Son plataformas de contenido», explica. En este sentido, los votantes de 2025 ya no hacen distinciones entre un video en TikTok, una noticia en un periódico online o un fragmento de un programa televisivo en YouTube. Esta fusión de formatos ha difuminado las fronteras entre la opinión y la información, lo que complica el análisis del impacto de cada plataforma en la intención de voto.
El consumo de contenido se ha vuelto híbrido y difícil de rastrear, lo que plantea un desafío para los analistas políticos. Simón admite que no es posible determinar con precisión el impacto de una red social específica en una campaña electoral. Sin embargo, se pueden identificar patrones claros en el uso de plataformas digitales por parte de los partidos políticos.
Los partidos más nuevos, aquellos con menos estructura territorial y recursos limitados, han encontrado en las redes sociales su terreno natural. Estos partidos han sido más intensivos en su uso de redes y han estado presentes en ellas desde un inicio. Vox, por ejemplo, ha sabido aprovechar Instagram y TikTok de manera más efectiva que el PSOE, lo que les ha permitido conectar con segmentos más jóvenes que prefieren formatos breves y directos.
### El Agujero Negro de WhatsApp
Uno de los mayores retos para medir el impacto de las redes sociales en las campañas electorales es el uso de grupos de WhatsApp. Este fenómeno se ha convertido en un verdadero «agujero negro» para los investigadores, ya que es un medio decisivo pero completamente inaccesible para el análisis. Simón destaca que en WhatsApp se comparten memes, noticias y contenido político de gran relevancia, pero no hay forma de rastrear cómo circula esta información.
La influencia de WhatsApp no se limita a los jóvenes; también puede afectar a las franjas de edad más altas. Muchos contenidos diseñados para atraer a los jóvenes pueden llegar a los mayores a través de grupos de WhatsApp, lo que complica aún más la medición del impacto real de las redes sociales. En este contexto, se viralizan mensajes emocionales, identitarios y polarizados, pero su efecto es incierto porque no dejan huella pública.
Además, la lógica algorítmica de las plataformas sociales juega un papel crucial en la difusión de contenido. Los algoritmos priorizan aquellos mensajes que generan interacciones rápidas y fuertes, como el miedo o la indignación. Esto crea un entorno donde los usuarios reciben información que refuerza sus sesgos previos, lo que puede amplificar las posiciones extremas y dificultar la exposición a otros puntos de vista.
En Extremadura, los candidatos han comprendido la necesidad de estar presentes en las redes, aunque no todos logran dominar el formato. Simón advierte que un uso eficaz debe ajustarse al medio. Por ejemplo, un candidato que simplemente lanza un eslogan sin más no logrará captar la atención del público. Cada candidato presenta un perfil distinto, con sus propias ventajas y desventajas en el ámbito digital.
María Guardiola, presidenta del PP en Extremadura, ha optado por un perfil institucional, buscando proyectar moderación y distanciarse de Vox. Por otro lado, Irene de Miguel, candidata de Unidas por Extremadura, ha logrado movilizar a un electorado que se siente atraído por su discurso autónomo. En contraste, el candidato de Vox, Óscar Fernández, es un desconocido para muchos, pero la marca del partido es lo que realmente importa para sus votantes.
El candidato del PSOE, Miguel Ángel Gallardo, enfrenta un desafío mayor al llegar desde la oposición y con un lastre de imputación que complica su visibilidad. La falta de recursos institucionales que antes beneficiaban al PSOE puede ser un obstáculo difícil de superar, incluso con una buena campaña digital.
La visibilidad que proporciona estar en el poder puede ser una ventaja significativa en las elecciones. Simón señala que, a menudo, los gobiernos autonómicos tienden a repetir mandato, lo que les otorga una exposición pública que puede inclinar la balanza a su favor. Los recursos institucionales, como el acceso a fondos y promesas, también juegan un papel crucial en la dinámica electoral.
En resumen, el impacto de las redes sociales en las elecciones es un fenómeno complejo y multifacético que sigue siendo objeto de estudio. A medida que las plataformas digitales evolucionan, también lo hacen las estrategias de los partidos políticos, lo que hace que el análisis de su influencia en el voto sea un desafío constante.
