El verano de 2025 ha traído consigo un aumento alarmante en el número de playas cerradas al baño en la Comunidad Valenciana, especialmente en localidades como Alboraia, Sueca, Tavernes de la Valldigna, Xeraco y Daimús. Este fenómeno, que se ha vuelto recurrente en los últimos años, ha generado preocupación tanto entre los alcaldes de estas localidades como entre expertos en medio ambiente y organizaciones ecologistas. Las causas de esta problemática son múltiples y complejas, y van desde las consecuencias de la riada del pasado octubre hasta el calentamiento de las aguas del Mediterráneo.
La contaminación de las playas se ha convertido en un tema candente, especialmente en un año marcado por fenómenos climáticos extremos y temperaturas récord. Las autoridades locales y los expertos coinciden en que es necesario abordar este problema de manera integral, con una mayor coordinación entre las administraciones y un compromiso político más firme para implementar soluciones efectivas.
Factores de Riesgo en las Playas Valencianas
Desde la Conselleria de Medio Ambiente se han identificado varios factores que aumentan el riesgo de contaminación en las playas. En particular, aquellas que se encuentran cerca de acequias, barrancos y ríos son más vulnerables. Por ejemplo, las playas de Alboraia han estado cerradas durante semanas debido a la contaminación proveniente de las acequias que desembocan en ellas. Además, algunas playas de Sueca también enfrentan problemas similares.
Otro aspecto a considerar son las conexiones autorizadas y no autorizadas que pueden existir en los cauces de agua, lo que puede llevar a que aguas contaminadas lleguen a las playas. Las averías en las redes de saneamiento municipal, especialmente durante episodios de fuertes lluvias, también contribuyen a este problema. Las playas con emisarios submarinos son particularmente susceptibles, ya que cualquier rotura en estos sistemas puede resultar en vertidos directos al mar, como ha sucedido en Xàbia en varias ocasiones.
La devastación provocada por la dana del año anterior ha dejado huellas profundas en el sistema de depuración de aguas de la región. La riada afectó a 123 depuradoras y más de 150 kilómetros de colectores, lo que ha complicado aún más la situación. Las autoridades han trabajado para lograr un “vertido cero”, es decir, evitar que las aguas residuales lleguen a las playas, y han logrado que la mayoría de las depuradoras estén operativas nuevamente. Sin embargo, la necesidad de obras definitivas sigue siendo urgente, y se estima que más del 80% de estas obras ya están en ejecución.
Inversiones en Infraestructura y Modernización
La Generalitat ha destinado casi 50 millones de euros para modernizar y mejorar las instalaciones de depuración en la Comunidad Valenciana. Este esfuerzo es el más significativo en la historia de la Epsar, y se espera que las inversiones continúen en el futuro. Además, se han asignado 1,5 millones de euros para la renovación de los emisarios submarinos en varias localidades costeras, como Xàbia Arenal, Vinaròs, Oropesa, Cullera, Gandia y Dènia.
Sin embargo, la modernización de la infraestructura no es suficiente si no se aborda el problema del cambio climático y el urbanismo desmedido. Las altas temperaturas del agua, que han alcanzado casi los 30 grados, han favorecido la proliferación de microorganismos y algas, lo que a su vez ha afectado la calidad del agua en las playas. Expertos como Francesc La Roca han señalado que el calentamiento del Mediterráneo, combinado con un exceso de nutrientes, está alterando los ecosistemas marinos y provocando un aumento en la biomasa.
El impacto de la agricultura industrial, que a menudo carece de medidas adecuadas para prevenir la contaminación por nitratos, también se suma a la problemática. La presión del turismo en la región ha llevado a un aumento en la población estacional, lo que ha desbordado los sistemas de depuración de aguas. Cuando estos sistemas no pueden manejar el volumen de efluentes, el resultado puede ser el vertido directo de aguas contaminadas al mar.
La necesidad de un replanteamiento del modelo urbanístico es evidente. Las urbanizaciones, muchas de ellas precarias, presentan problemas de mantenimiento en sus sistemas de agua, y las fosas sépticas en áreas diseminadas no se limpian con la frecuencia necesaria. La falta de una política de ordenación del territorio efectiva y adaptada a los nuevos retos ambientales es un desafío que debe ser abordado con urgencia.
La situación actual de las playas en Valencia es un reflejo de la interconexión entre el cambio climático, la urbanización descontrolada y la gestión del agua. La comunidad debe unirse para encontrar soluciones sostenibles que garanticen la salud de sus ecosistemas marinos y la calidad de vida de sus habitantes.