El juicio por el asesinato del canónigo emérito de la Catedral de Valencia, Alfonso López Benito, ha capturado la atención del público y los medios de comunicación. Tras cinco intensas sesiones, el jurado popular se prepara para deliberar sobre la culpabilidad de Miguel Tomás V. N., el único acusado, quien se encuentra en prisión provisional desde el momento de los hechos. La Fiscalía ha solicitado una pena de 28 años de cárcel por los delitos de asesinato, robo con violencia y estafa, pero el caso ha revelado una serie de elementos que complican la narrativa inicial.
### Un Crimen con Múltiples Facetas
El asesinato de Alfonso López, ocurrido el 23 de enero de 2024, ha sido descrito como un ataque frontal y prolongado, donde la víctima no tuvo oportunidad de defenderse. Los informes forenses han sido cruciales para entender la naturaleza del crimen, revelando que la muerte fue consecuencia de un mecanismo combinado de estrangulación y sofocación. Sin embargo, la falta de pruebas directas que incriminen a Miguel Tomás ha llevado a la defensa a argumentar que su cliente no tuvo participación en el asesinato.
Durante el juicio, se ha expuesto la vida privada del canónigo, quien mantenía relaciones con hombres jóvenes en situación de vulnerabilidad, lo que generó quejas entre los vecinos del edificio. Esta información ha añadido una capa de complejidad al caso, sugiriendo que el crimen podría estar relacionado con su estilo de vida. La Fiscalía ha insinuado que Miguel Tomás no fue el autor material del crimen, pero sí estuvo presente y actuó en complicidad con un tercer individuo no identificado, quien habría asfixiado a la víctima.
La defensa, por su parte, ha insistido en que Miguel solo es culpable de un delito de estafa, al haber utilizado las tarjetas bancarias de la víctima para realizar compras. Este argumento ha sido respaldado por la ausencia de huellas de ADN del acusado en la escena del crimen, lo que ha llevado a cuestionar la solidez de la investigación policial. A pesar de que el jefe de Homicidios sugirió que el autor pudo haber limpiado la escena o utilizado guantes, los peritos no encontraron evidencia de una limpieza exhaustiva.
### La Investigación y las Pruebas
Uno de los aspectos más controvertidos del juicio ha sido la investigación policial y la falta de pruebas que vinculen a Miguel Tomás con el crimen. A pesar de que se revisaron 31 vestigios en la escena, ninguno correspondía al acusado. Sin embargo, la acusación ha centrado su caso en la geolocalización de los teléfonos móviles, que sitúa a Miguel en las cercanías del piso de la calle Avellanas durante el periodo en que se cometió el asesinato. Esta evidencia ha sido crucial para establecer un posible vínculo entre el acusado y el crimen.
Durante su declaración, Miguel alegó que el móvil y las tarjetas robadas fueron entregadas por un hombre llamado Manuel, a quien conocía de su trabajo en el campo. Sin embargo, la policía no ha logrado localizar a este individuo, lo que ha llevado a la acusación a calificarlo como un «amigo imaginario». A pesar de sus intentos de desvincularse del crimen, las pruebas de su actividad posterior al asesinato, incluyendo llamadas a Cajamar para obtener el PIN de las tarjetas de la víctima, han complicado su defensa.
La defensa ha criticado la investigación, señalando que no se realizó una copia de los mensajes de WhatsApp del acusado, que podrían haber respaldado su versión de los hechos. Además, la recepcionista del hostal donde fue detenido contradijo al jefe de Homicidios, afirmando que los agentes sí registraron la habitación del acusado sin el permiso adecuado. Estas contradicciones han alimentado la percepción de que la investigación fue apresurada y llena de errores.
El juicio ha puesto de manifiesto no solo la complejidad del caso, sino también las tensiones entre la acusación y la defensa. Mientras la Fiscalía sostiene que hay suficientes indicios para demostrar la culpabilidad de Miguel, la defensa argumenta que la falta de pruebas concretas y las contradicciones en la investigación deberían llevar a la absolución de su cliente. A medida que el jurado se prepara para deliberar, la comunidad espera ansiosa el veredicto que podría cerrar un capítulo oscuro en la historia de la Catedral de Valencia.
