La educación inclusiva es un derecho fundamental que debería garantizarse a todos los niños, independientemente de sus capacidades. Sin embargo, la realidad es que muchos niños con discapacidad, como Pep, un niño de seis años con Síndrome de Dravet, se ven obligados a permanecer en casa debido a la falta de recursos adecuados en el sistema educativo. Este es el caso de Gloria Doménech, madre de Pep, quien ha emprendido una batalla para que su hijo pueda asistir al mismo colegio que su hermano mellizo, con los apoyos necesarios para su desarrollo.
La historia de Pep comienza cuando sus padres decidieron matricularlo en un colegio ordinario en Carcaixent, el único que contaba con un aula UECO (Unidad Específica en Centro Ordinario). Esta modalidad está diseñada para atender a alumnos con necesidades educativas especiales que requieren apoyos intensivos. Sin embargo, a pesar de que Pep fue aceptado en el centro, la realidad fue muy diferente. Desde el inicio del curso, la falta de recursos y personal capacitado se hizo evidente, lo que llevó a la familia a enfrentar una serie de desafíos.
### La falta de recursos y su impacto en la educación
Gloria relata que, a pesar de que el colegio hizo todo lo posible por ayudar a Pep, la falta de apoyos adecuados pronto se convirtió en un problema insostenible. «Pep empezó relativamente bien, pero luego comenzó a desarrollar crisis de conducta graves que eran imposibles de gestionar debido a la falta de recursos», explica. La situación se volvió tan crítica que su padre tuvo que acompañarlo al colegio para garantizar su seguridad y la de sus compañeros.
La falta de personal y de infraestructuras adecuadas en el aula UECO se convirtió en un obstáculo insalvable. Gloria menciona que el aula no contaba con los espacios necesarios y que las condiciones eran peligrosas. «Pep se cortó con un cristal que rompió, y otro día tiró una mesa, lo que provocó un esguince a su educador», narra. A pesar de que el educador defendió a Pep, la administración decidió abrirle un expediente disciplinario, lo que refleja la falta de comprensión y apoyo hacia las necesidades del niño.
La Conselleria de Educación fue informada de la situación, pero las soluciones propuestas fueron insuficientes. Gloria recuerda que una comisión educativa sugirió la creación de un aula de relajación, una propuesta que consideró irrisoria dada la gravedad de la situación. Ante la falta de respuestas y soluciones efectivas, la familia decidió que Pep dejara de asistir al colegio en diciembre, lo que marcó el inicio de un periodo de incertidumbre y desesperación.
### La búsqueda de una solución adecuada
Después de que Pep dejara de ir al colegio, la familia se reunió con el inspector de zona, quien sugirió que Pep necesitaba ser trasladado a un colegio de educación especial. Sin embargo, Gloria se opuso a esta idea, argumentando que las necesidades educativas de su hijo no habían sido adecuadamente consideradas. La familia se encontraba en una encrucijada: aceptar un cambio que podría no mejorar la situación o seguir luchando por los derechos de Pep.
El 13 de enero, en una reunión con el equipo directivo del colegio, se discutió la posibilidad de cambiar a Pep a un centro de educación especial. Se mencionó el CEE Carmen Picó, que ha sido objeto de críticas por sus deficiencias y falta de recursos. Gloria se sintió frustrada al saber que el plan era sacar a su hijo de un colegio con problemas para llevarlo a otro que podría estar en peores condiciones. A pesar de esto, la madre de Pep solicitó que se considerara otro centro, el CEE Alberto Tortajada, que se encuentra más cerca de su familia.
Sin embargo, la respuesta fue negativa y se le informó que Pep debía asistir al CEE de Alzira, lo que llevó a Gloria a una profunda indignación. Desde diciembre, Pep ha estado en casa, privado de la oportunidad de socializar y aprender en un entorno escolar. Gloria expresa su dolor y frustración: «Me siento sola, desamparada e impotente. Nadie nos da respuestas, y mientras tanto, niegan a mi hijo una infancia como la de los demás niños».
La historia de Pep y Gloria es un claro reflejo de las luchas que enfrentan muchas familias con niños con discapacidad en el sistema educativo. La falta de recursos, la burocracia y la falta de comprensión de las necesidades individuales de los niños son barreras que deben ser superadas. Gloria se ha convertido en una voz para su hijo, luchando por sus derechos y por una educación inclusiva que realmente funcione. «La discapacidad de un hijo te obliga a luchar, a no detenerte porque su voz somos nosotros», concluye Gloria, reafirmando su compromiso de no rendirse en la búsqueda de una educación digna para Pep.
