La gestión de riesgos de inundación es un tema crucial en la planificación territorial, especialmente en regiones como la Comunitat Valenciana, donde las ramblas y barrancos son comunes. La cartografía de riesgos se ha convertido en una herramienta esencial para la toma de decisiones por parte de responsables públicos y actores privados. Sin embargo, la efectividad de estos mapas ha sido puesta a prueba tras eventos extremos como la DANA del 29 de octubre de 2024, que dejó a muchos preguntándose sobre la precisión de las predicciones de inundación.
### La Importancia de la Cartografía de Riesgos
La cartografía de riesgos de inundación es fundamental para identificar las áreas susceptibles a ser anegadas. En España, se han desarrollado varios instrumentos para gestionar estos riesgos, destacando los mapas de peligrosidad que delimitan las zonas de inundación, el nivel de calado de agua y la frecuencia con la que estos fenómenos pueden ocurrir. En la Comunitat Valenciana, se han creado dos cartografías oficiales: el Pla d’Acció Territorial sobre Prevenció del Risc d’Inundació a la Comunitat Valenciana (PATRICOVA) y el Sistema Nacional de Cartografía de Zonas Inundables (SNCZI). Ambas cartografías, aunque coinciden en aspectos esenciales, presentan discrepancias debido a las diferentes metodologías empleadas en su elaboración.
Para unificar estas cartografías y facilitar la gestión de emergencias, se desarrolló el Mapa Integrado de Peligro de Inundación de la Comunidad Valenciana (MIPICOVA). Este mapa ofrece información más precisa al combinar datos de ambas cartografías y resolver incongruencias espaciales. Sin embargo, el evento del 29 de octubre de 2024 ha desafiado la efectividad de estas herramientas, planteando preguntas sobre su capacidad para predecir inundaciones.
### Análisis de la Coincidencia entre Zonas Inundables y Zonas Inundadas
Investigadores del Departamento de Geografía de la Universitat de València llevaron a cabo un estudio comparativo entre las zonas inundables según las cartografías oficiales y las áreas realmente afectadas durante la DANA de 2024. Los resultados mostraron que la coincidencia entre la superficie inundable marcada en el MIPICOVA y el área efectivamente inundada fue del 85,9%. Este alto porcentaje sugiere que, en general, los mapas de peligrosidad son efectivos, aunque la discrepancia del 14,1% indica que en algunas áreas la inundación superó las previsiones.
Las diferencias más significativas se observaron en la cuenca baja, donde el territorio está altamente antropizado y acumula aportaciones de afluentes. Además, la geomorfología del terreno desempeñó un papel crucial en la identificación de zonas inundables, ya que el 12% de la coincidencia se registró en áreas clasificadas como de «peligrosidad geomorfológica». Esto implica que la forma del terreno, moldeada por episodios de inundación anteriores, es un factor determinante en la predicción de inundaciones.
A pesar de la alta coincidencia, el evento del 29 de octubre fue excepcional, con un período de recurrencia que superó los 500 años contemplados en los mapas. Este fenómeno extremo, junto con factores como el sellado del suelo y la presencia de infraestructuras que interrumpen el flujo del agua, contribuyó a que las inundaciones superaran las expectativas.
### Reflexiones sobre la Gestión de Riesgos y la Actualización de Mapas
La normativa establece que los mapas de peligrosidad deben revisarse cada seis años, y la actualización en la Comunitat Valenciana está programada para 2026. Sin embargo, es crucial reflexionar sobre la metodología utilizada para determinar los períodos de retorno, especialmente en el contexto del cambio climático, que ha incrementado la frecuencia e intensidad de eventos extremos. La delimitación de áreas inundables debería considerar no solo los eventos históricos, sino también la posibilidad de fenómenos futuros más severos.
Asimismo, la peligrosidad geomorfológica debería tener un mayor protagonismo en los mapas, dado su impacto en la coincidencia entre zonas inundables e inundadas. La recuperación del nivel 8 de PATRICOVA, que incluía grandes sistemas de glacis y áreas susceptibles a inundaciones, podría ser una medida valiosa para mejorar la precisión de las predicciones.
Finalmente, es fundamental que la cartografía de riesgos evolucione y se convierta en un instrumento dinámico, apoyándose en la participación ciudadana y en el seguimiento en tiempo real de las emergencias. La gestión del riesgo de inundación no debe ser estática; debe adaptarse a las realidades cambiantes del clima y del uso del suelo. Solo así se podrá garantizar que los mapas de peligrosidad mantengan su utilidad y eficacia en la planificación y gestión del territorio, evitando que se conviertan en meras formalidades sin impacto real en la seguridad de la población.
